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San José, Costa Rica - Domingo 17 de Noviembre del 2019 - 5:53 AM

Ricos y pobres

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Buscando en los escombros noticiosos, me llamó la atención los millones en premios pagados por jugar futbol en Europa, comparado con la CONCACAF y  la FIFA al clasificar a un mundial.

Por ejemplo en la Champions Ligue cada equipo, de los 32 clasificados que disputan la primera fase, se embolsa $13.5 millones. Los premios no terminan ahí. Por cada partido ganado en esta ronda de grupos, el ganador recibe $1.6 millones y si empata $560 mil.

 

Al clasificar a octavos de final (16 equipos) recibe cada uno $6.1 millones más. Los ocho equipos que logran pasar a cuartos de final ganarán además  $6.7 millones  y $7.8 millones por avanzar a  semifinales.

 

Los premios continúan. El subcampeón obtendrá $11.7 millones y el campeón $16.8 millones. Resumo: si un equipo llega a ser campeón ganando todo se puede embolsar $61 millones.

 

La CONCACAF con su Cocachampions, que es equivalente  a la Champions Ligue europea, otorga $1.2 millones al campeón y un bono adicional por participar en el Mundial de Clubes de $500 mil. El quinto lugar en ese certamen gana $1.5 millones, el cuarto $2.0 millones, el tercero $2.5, el subcampeón $4 millones y el campeón se embolsa $5 millones.

 

Si estas cifras lo han conmovido hacia arriba y hacia abajo, repasemos los premios otorgados por la FIFA, al clasificarse a un Mundial de Futbol. Clasificación que se obtiene después de varios años y etapas de lucha deportiva.

 

Cada selección, de las 32 que asistieron a la etapa final de Brasil, recibió un premio de $5.5 millones. Los clasificados a octavos $9 millones más. Cada selección en cuartos de final $14 millones. El cuarto puesto $20 millones, el tercero $22 millones, el subcampeón $25 millones y el campeón $35 millones.

 

Visualizando la cantidad de dinero recibido por jugar futbol en Europa, podemos entender que el llamado sueño americano de hace muchos años, para el futbolista actual es el sueño europeo.

 

Jugar en España, Italia, Alemania, Inglaterra o en cualquier país donde sus equipos participen en la Champions, es sacarse la lotería. Las transacciones y salarios son millonarios.

 

Pero ¿cómo hace este futbol para recaudar tanto dinero aparte de los premios recibidos? La mercadotecnia es la encargada de llenar los estadios y con esto las arcas de los equipos. Otra de las entradas principales es vender jugadores producidos en sus ligas menores o comprar barato para luego vender caro.

 

Todos los días abrimos las páginas de los periódicos nacionales, vemos la televisión y escuchamos los programas deportivos. El 25 por ciento o más lo dedican a las actuaciones de los jugadores legionarios. Y más aún, se gasta cualquier cantidad de palabras hablando o escribiendo de los que no juegan.

 

Cuando las referencias son de Messi o Ronaldo, cada jugada; sea un regate, remate o túnel al rival,  llena las redes sociales alabando las destrezas de ambos.

 

Eso es la mercadotecnia deportiva . En nuestro país prácticamente no existe. Nadie en el equipo al cual pertenece, mercadeó,  por citar un ejemplo, el gol de  Esteban Ramírez anotado  el campeonato anterior. Una obra de arquitecto, que si la hace Messi o Ronaldo estaría en el portafolio de venta de sus equipos para llevar aficionados y buscar inversores y patrocinadores.

 

En el fútbol, dirigir  la opinión pública es bastante sencillo. Desde ahí se dirige el pensamiento de mucha gente. Es la masa. Son el mercado meta  donde se  busca influir o ratificar los criterios de acuerdo a un equipo.  La masa es la que más ruido hace en los estadios. Porque el que piensa y escucha no grita porque no es escuchado.

 

La masa es la que más grita pero también la que más paga. Esto lo saben los grandes talentos del marketing, como Damien Hirst, (empresario inglés del grupo conocido como Young British) que sin saber dibujar ni pintar se convirtió en el artista mejor cotizado de la pasada década, después de vender un tiburón blanco sumergido en formol por $12 millones.

 

La obra, titulada La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien que vive, marcó una época. Hirst explica que su obra es atractiva porque, cuando la retórica es buena, no hay consumidor que se resista: “Creo que hay un puñado de gente con ojos y miles de gente con oídos. Algunas personas van, lo miran y dicen que les gusta y lo compran. Y luego está toda esa gente que escucha que alguien lo ha comprado, así que también lo compra”.

 

¿Cómo entonces nuestros “especialistas en marketing ” no pueden vender un gol como el de Esteban Ramírez a la masa, o las grandes atajadas de Víctor Bolívar frente a Herediano, los regates de Elías Aguilar y los goles de Víctor “el Mambo” Nuñez, máximo goleador histórico.

 

El futbol es pasión y para alimentar esa pasión es necesario el marketing que mueve a la masa. Y no valen los lamentos por los paupérrimos premios otorgados por la, FIFA y la CONCACAF o etiquetarnos con el slogan de “pobrecitos los ticos”, que tanto nos gusta.

 

En Costa Rica predominan los lamentos más que las acciones; o acaso los llamados mercadólogos del deporte, podrían vender, al menos,  un tiburón en formol?