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San José, Costa Rica - Jueves 17 de Octubre del 2019 - 5:13 PM

Que siga la fiesta

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Los ticos somos por tradición unos fiesteros. Por algo fuimos los más felices del mundo. Si esta encuesta la hacen durante o después del Mundial de Brasil, sin duda ocuparíamos el primerísimo lugar.

 

En el mundo hay fiestas de todo tipo. Por ejemplo la Tomatina de Buñol,  (Valencia, España) en la cual para celebrar la llegada de la nueva cosecha, los asistentes se enfrascan en una guerra desenfrenada de tomates.

 

También los japoneses celebran el festival Kanamara Matsuri. El tema principal es la veneración del pene construido en un templo. Se dice que las prostitutas eran las principales devotas, que rezaban para pedir protección ante enfermedades de transmisión sexual. Existe asimismo una leyenda sobre un demonio con dientes afilados que se escondía en el interior de la vagina de una joven mujer. Durante las noches de boda con la joven, el demonio castró a dos hombres, por lo que un herrero diseñó un falo de metal, para romper los dientes del demonio.

 

Pero quizás la más rara del mundo, es la celebrada en la pequeña localidad de Santa Marta de Ribarteme (La Coruña) el pasado 29 de julio, en el concello de As Neves (Pontevedra). En esta romería los fiesteros portan ataúdes ocupados por personas vivas, devotas de la hermana de Lázaro, protectora de los que burlaron a la muerte.
Este año los penitentes ofrecidos, como se conoce a los muertos vivos, que se sometieron a este trance, fueron cuatro personas.
Como marca la tradición, la expectación ha sido máxima, con cientos de lugareños y de visitantes apostados al paso de la comitiva entre el sonido de las bombas de palenque, el repicar de las campanas y el cántico “Virgen de Santa Marta, estrella del norte, te traemos a los que vieron la muerte”.

 

Aunque la Tomatina de Buñol, la Fiesta del Pene o el Festival de los Ataúdes no se celebra en nuestro país, hay más de cuatro ofrecidos en el futbol nacional dentro de ataúdes, que buscan ocultar las deficiencias en el trabajo realizado, elogiados y llevados en hombros por sus aduladores.

 

Tal vez  en el país necesitamos una buena tomatina que los espante, hacia el Templo del Falo de Metal, para que pidan por su permanencia en el puesto.