San José, Costa Rica      

Con enorme regocijo debemos recibir la aprobación en segundo debate de la Ley Antitabaco por parte de la Asamblea Legislativa.

 

Es un triunfo para la salud pública, para nuestros hijos y nietos, para todos los que anhelamos un ambiente sano y limpio.

Es el triunfo de la mayoría sensata que no fuma en Costa Rica (87 por ciento de la población) vs una minoría atrapada por esta lamentable epidemia que hoy mata  a 10 personas por día y que obliga a la Caja Costarricense de Seguro Social a gastar casi 60 mil millones de colones por año en la atención de enfermos crónicos de cáncer, enfisemas y cientos de enfermedades más producto de la nicotina.

En mi caso personal, nadie tiene que contarme los efectos nocivos del cigarrillo. Soy sobreviviente de un cáncer que hace ya 15 años por poco me mata. Solo por gracia de Dios y de tratamientos oportunos y severos, aquí estoy para escribir estas líneas.

En los últimos años sin embargo, he venido observando con enorme tristeza y decepción, la forma en que las tabacaleras actúan justificando y defendiendo sus acciones, y peor aún, la posición de algunos diputados minoritarios que han hecho hasta lo imposible por evitar que esta Ley sea hoy una realidad.

Los que apoyan el fumado, no tienen argumentos para defender los efectos nocivos de esta práctica irracional. Es cierto que el ser humano es libre de hacer lo que le de la gana con su vida, pero esto no puede permitir que esa libertad de suicidio sea promovida y amparada por un comercio absurdo, sin escrúpulos ni respeto por el derecho ajeno.

Qué bueno. Por fin voy a poder ingresar a restaurantes donde nadie me preguntará si quiero sección de fumado o no fumado, como si el aire de estos locales pudiera filtrar en un cien por ciento el humo dañino y avasallador.

Los perdedores anuncian que van a seguir pataleando para evitar que la Ley sea una realidad. Solo espero que la Sala IV nos brinde una lección de contundencia y credibilidad, cuando le diga NO al causante de tantas enfermedades y muertes que enlutan a diario a muchas familias costarricenses.