Por supuesto que no se puede generalizar. Aún más, la mayor parte de los futbolistas de este país, son bien portados y digno ejemplo para que los jóvenes puedan imitar sus pasos, pero esta columna de opinión está dirigida a ese pequeño porcentaje que ha dado de qué hablar en los últimos días.

 

Los casos de José Salvatierra, Michael Ortiz y Oscar Duarte, han sido objeto de muchas notas en la prensa. Los tres por coincidencia, han sido relacionados con fiesta y tragos, en horarios que superan la lógica de una fiesta normal o de un convivio bajo control.

Es posible que muchos otros, aprovechando esta época de vacaciones y receso de la actividad normal, también se han enfiestado a lo grande, pero en horarios más razonables, en sitios más convenientes y en circunstancias más discretas. O simplemente han tenido la suerte de llegar a sus casas sin que mediara algún incidente que lamentar.

En cualquier caso, la preocupación de fondo gira en torno a la forma en que figuras públicas como ellos, deben conducirse ante los demás ya que está en riesgo su presente y su futuro como futbolistas.

El deporte nunca ha podido convivir con este tipo de circunstancias ya que quienes lo practican por recreación y profesión, saben que estas desviaciones con incompatibles con su naturaleza y esencia.

Ahora más que nunca, los futbolistas tienen que cuidarse al máximo, ya que la prensa anda al acecho de este tipo de noticias y siempre habrá gente dispuesta a “echarlos al agua” por lo que siginifica este tipo de comportamientos.

Los clubes tienen que ser más rigurosos en los controles y advertencias que deberían incluirse en los contratos laborales que firman con cada uno. Hay un código de conducta y buen ejemplo que deben respetar todos los deportistas. Esta es su profesión y deben cuidarla al máximo.

Pero también esta problemática nos revela que nadie está exento de caer en las garras del alcoholismo, esa lamentable enfermedad que tiene atrapados a miles de jóvenes y hogares del país. Los casos de estos futbolistas vienen a reafirmar la urgente necesidad de fomentar más la educación y prevención para combatir este flagelo.