San José, Costa Rica      

Que Santos esté en la final luego de eliminar a Saprissa y que Heredia también acuda a la gran cita cuando estaba desahuciado en el torneo,  es una sorpresa total por más que se quiera argumentar lo contrario.

 

Santos y Heredia logran llegar a a esta gran instancia, aprovechando la pésima campaña de Alajuelense, la inconsistencia del Saprissa con su proceso, y el bajonazo de rendimiento de Pérez Zeledón y del propio Cartaginés en su momento.

Santos ha hecho una gran temporada sin duda, gracias a los conocimientos de su técnico César Eduardo Méndez, al compromiso asumido por los jugadores y la organización de su dirigencia. Cuesta entender cómo este equipo, que quitó 14 jugadores de su plantilla anterior, haya llegado tan lejos.

No es la primera vez que esto ocurre en el fútbol nacional o internacional. Equipos pequeños y humildes que se proponen dejar huella y darse a respetar, y lo logran con grandes merecimientos.

Es una bofetada también para los equipos que manejan mucho dinero, grandes aficiones y recursos abundantes, y una lección de esfuerzo y trabajo frente al excesivo chineo que le dispensan otros a figuras que no compensan con resultados todo lo que reciben.

El fútbol nacional sigue subsistiendo en medio de esta enorme contradicción. Pocos ricos y muchos pobres. Siempre serán los mismos que logren llegar a ubicarse entre los mejores puestos. Por eso, cuando ocurren sorpresas como la de Santos, la noticia se celebra en todo el ambiente nacional, pero hay que ubicarla como lo que es: una enorme excepción, con el riesgo siempre de que sea efímera.

En el caso de Heredia, es enorme también la sorpresa. Logró colarse a la final gracias a las debilidades de sus rivales, en especial Cartago, pero su planilla está para más desde hace dos años por lo menos.

Pareciera que es el gran favorito para el título 22, pero como ya lo ha demostrado Santos, mejor no cantar victoria antes de tiempo. Y en esto los florenses ya tienen mucha experiencia.