Antes del juego ante Belén, Daniel Casas defendía los empates de los últimos días diciendo que el equipo estaba invicto y era líder. Pero no contaba con una victoria de Belén, por cierto la primera que consigue este equipo en el Estadio Saprissa.

 

Es una derrota con varias implicaciones. Pierde el invicto, se tambalea el liderato, se pierde confianza interna, pérdida de imagen y credibilidad en el trabajo de todos, y provoca la ira de los fanáticos que ya comenzaron a gritar “fuera Casas”.

Cuando esto ocurre, normalmente las cosas no terminan bien. Al Técnico siempre le llueve y solo hay luna de miel en las victorias.

El problema en el Saprissa es enorme a la par de lo que puede ocurrir en equipos pequeños. Todo se hace más grande, incluyendo la presión y exigencia de una afición que no perdona y que está cansada de tenerle paciencia al equipo en general y algunos jugadores en particular.

Con el uruguayo Morales ya se metieron ante Carmelita y con el brasileño Costa ya la situación se está haciendo insoportable. Dos extranjeros que no dan la talla. Uno titular y esforzado pero desubicado con frecuencia, y otro que calienta más la banca y que no aporta absolutamente nada cuando lo meten a ganarse el sueldo.

Con ambos, la afición ya tiró el tapón, y esto provoca más confusión y enredos en un equipo que parecía sólido hasta la fecha cuatro y que viene en caída libre de rendimiento colectivo en cuestión de quince días.

Daniel Casas no puede pedir apoyo sin resultados convincentes que premien el esfuerzo de toda la organización. Saprissa no está para andar probando jugadores y menos si son extranjeros cuya capacidad ha sido tan cuestionada en los últimos días. La tolerancia tiene un límite en el fútbol.

Tremendo dilema para la dirigencia morada que estaba feliz con el arranque del equipo pero que de un momento a otro ve cómo los pupilos no son capaces de mantenerse arriba, en ese primer lugar que debe defenderse con talento, carácter y mucha más calidad.