No puedo evitarlo. La duda se asoma y me golpea en la nariz constante, abrumadora. Y es que luego del ver el juegazo que el Club Sport Herediano le hizo al Saprissa, la inquietud se convirtió en un chasquido incesante. ¿Cómo hacen estos jugadores florenses? ¿Qué pasa realmente en el Herediano? ¿Cómo soportan tanta humillación e insolencia, tanta irresponsabilidad y desvergüenza, tanto cinismo y descaro?

 

Cualquier mortal que viera el partido ante los morados no imaginaría el calvario que sufren estos futbolistas; no de ahora, desde hace meses. Y eso hace aún más grande el golpeteo de la duda. ¿Se vale jugar así con la necesidad ya no del futbolista, sino del ser humano, y de sus familias? ¿Vale la pena aguantar esta zozobra constante?

Si lo que hizo Herediano la temporada anterior fue tan increíble como meritorio, al ganar un título a puro riñón, lo que soportan los futbolistas y aficionados rojiamarillos, roza casi en la locura.

Hoy me decía un compañero, “yo no vuelvo a una empresa  que me atrasa dos meses el salario”. Y sin embargo, los futbolistas florenses, aparte de jugar en forma exquisita, con un juego moderno y vistoso, aunque con sus fallas lógicas, se parten el alma, y entregan gotas de sudor y sangre en cada pelota que disputan. Ellos entienden y ponen en práctica aquello que en la cancha todos los problemas se olvidan. ¿Y por qué lo hacen?...

Pero más difícil me resulta creer que hay futbolistas que firmen contrato con este señor. Posiblemente, la situación de Derrick Johnnson, Kendrick Pinnock, Willy Eras o Yendrick Ruiz, era insoportable en Limón y Puntarenas, respectivamente, pero de ahí a venirse a un club donde sus propios colegas gritan a los cuatro vientos las injusticias y la irresponsabilidad de que son objeto por parte de sus “propietarios”, no le encuentro sentido.

“El deseo de jugar en un equipo grande”, me decía una compañera. No sé… La angustia que viven estos muchachos no creo que pague el decir “juego con el campeón nacional”.

Todavía más duro me resulta creer que jugadores como Minor Díaz y Pablo Salazar, con un juicio pendiente contra el dueño de las jirafas, por lo ocurrido en Liberia Mía, hayan aceptado firmar un contrato con este del fútbol. ¿Dónde queda el orgullo? ¿Hay derecho a quejarse por una situación que se acepta con conocimiento de causa?

¿Cuánto más tendrán que sufrir los jugadores y aficionados rojiamarillos? Esto es una bomba de tiempo. No se puede jugar con la comida de las familias, pero, ante todo, no se puede negociar la dignidad de las personas.