KIEV, 24 Jun 2012 (AFP) - La Inglaterra de Roy Hodgson, derrotada por Italia (4-2 en penales tras 0-0) el domingo en el último duelo de los cuartos de final, se quedó a mitad del camino, mejorando las bajas expectativas con las que llegaba, pero estrellándose, una vez más, en el muro de los cuartos.
Parece una maldición. Desde 1996, en la Eurocopa donde jugó como local, los ingleses no consiguen colarse entre los cuatro mejores de un gran torneo.
En anteriores citas, los Pross llegaban a Eurocopas y Mundiales pletóricos de moral, quizás con demasiada, con la sensación de poder ser campeones, para siempre terminar yéndose con la cabeza baja, ya fuera en cuartos de final (2002, 2004 y 2006) o en octavos (1998, 2010).
Esta vez, los ingleses parecían mucho más humildes y nadie parece esperar mucho de ellos, tras una sucesión de problemas en los últimos meses, empezando por la dimisión de Fabio Capello en febrero y su sustitución por Hodgson, cuando apenas quedaba un mes para el torneo.
Pero lo que más minó la confianza de los hinchas fue la oleada de lesiones, especialemente las de hombres importantes como Frank Lampard y Gareth Barry, dos de las piezas clave del centro del campo.
En el grupo D, los ingleses sorprendieron y acabaron incluso primeros, con siete puntos, tras empatar 1-1 con Francia y ganar 3-2 a Suecia y 1-0 a los coanfitriones ucranianos, pero Italia fue un obstáculo insalvable en los cuartos de final, en la tanda de lanzamientos decisiva.
A pesar de la eliminación, hay motivos para conceder un margen de confianza a Hodgson, un veterano del fútbol, que apenas lleva unas semanas en el cargo y que demostró oficio, pese a que la prensa se reía de él llamándole "Señor Medio", porque durante gran parte de su carrera dirigió a clubes de la zona media o medio-baja.
No tiene ni el 'glamour' ni el prestigio de predecesores como el sueco Sven-Goran Eriksson y el italiano Fabio Capello, pero la imagen del equipo ha sido incluso positiva, pese a este adiós.
Su 4-4-2, tan clásico como anacrónico ante dibujos más ofensivos (4-3-3, 4-2-3-1) de sus rivales, no supone ninguna innovación, pero en donde sí ha dejado su huella es en la gestión del grupo humano, donde todo ha ido perfectamente, pese al fuerte carácter de algunas figuras.
El otro gran artífice de las buenas sensaciones del equipo en la primera fase fue el capitán Steven Gerrard, muy bien en su trabajo defensivo y decisivo con sus asistencias (tres), siendo el motor y la inspiración de su equipo. En los cuartos su aportación fue mucho más pobre.
¿Cuál puede ser el futuro de esta selección? Por el momento tiene un grupo delicado en las eliminatorias para el Mundial-2014, donde se medirá a Montenegro, Ucrania, Polonia, Moldavia y San Marino.
Allí Wayne Rooney y compañía tendrán que demostrar que el equipo merece ilusionar a los hinchas, de cara a la gran cita de la Copa del Mundo, un torneo que dio la mayor alegría de la historia del fútbol inglés, pero en el ya lejanísimo 1966.