Concluida la fase de clasificación, Patrick Pemberton se consolidó como el mejor arquero del torneo local.
Seguro de manos y felino bajo los postes, el erizo pulió sus expediciones aéreas y tiene un plus que lo distingue de los demás: es un jugador de campo con guantes, entiéndase, patea bien, hace de líbero con eficiencia y da confianza al retrocederle el balón.
Los otros equipos clasificados a semifinales no tienen un guardameta tan consolidado como la Liga, al punto que ninguno ha sido sólido titular.
Saprissa alternó a Víctor Bolívar y Donny Grant; Herediano, a Leonel Moreira y Daniel Cambronero; Limón, a Erick “Tortas” Samudio, Jairo Monge y el brasileño Iván Leoncio.
Defensores
Por derecha no hay demasiado de dónde escoger. Al propio Jorge Luis Pinto le ha costado hallar al titular de la tricolor y solo después de probar con José Salvatierra, Néstor Monge y Heiner Mora, finalmente se quedó con el legionario Cristian Gamboa. Bueno, sin más rodeos, nos parece que el mejorcito del Invierno ha sido Alexander Robinson, un central improvisado que por fin llenó un área hueca del equipo morado. Aunque no sube mucho con bola dominada, es garantía marcando y en táctica fija va bien por arriba (¿Verdad, Pemberton?).
Por el centro, pura experiencia. El herediano Pablo Salazar, un zaguero que quita y da, que rompe y arma. El mejor de los criollos desde hace ya tres torneos. Con él, el veterano de mil batallas y corazón del Saprissa, Douglas Sequeira, la voz de su técnico dentro del terreno de juego.
Por izquierda, otro zorro viejo, el carmelo Carlos Castro, líder del equipo más limitado y con menos recursos del campeonato, pero que terminó relativamente tranquilo la temporada regular. El ex manudo jugó más de 1800 minutos y parece tomar un segundo o tercer aire.
Volantes
Por algo José Miguel Cubero es titular en la “sele” mayor. Tiene pulmones inagotables, no da bola por perdida, aparece por todas partes, sabe leer el juego y qué hacer con el útil en sus pies. Es inimaginable una “equipo ideal” sin el contención de Herediano.
Un temporadón se está jugando Luis Miguel Valle, pidiendo a gritos un llamado a la Selección Nacional. No conforme con ser un perro de traba, marcador empedernido, se ha convertido en un lanzador profundo de afiladas dagas hacia los punteros rojinegros.
Valle es el alimentador del mejor mediocampista de la primera fase, su compañero Allen Guevara, un cuchillo caliente que derrite cual mantequilla cualquier defensa. Si logra afinar el último toque, al compañero o la red, es material de exportación.
No se sorprenda por el nombre de quien cierra nuestro trapecio medular: el lechero
Rafael Rodríguez.
“Rafa” es el punto de equilibrio de un Uruguay de Coronado que se quedó a escasos tres puntos de la zona de clasificación. Curtido en Alajuelense, Herediano y Puntarenas, Rodríguez es un medio con criterio, un regulador de tiempos oportuno.
Delanteros
Con sus 10 goles, el limonense Henry Cooper no solo es inquilino obligado del “11 ideal”, sino que es, para nuestro criterio, el mejor novato del certamen, ligeramente por encima del florense Elías Aguilar.
¿Y quién podía cerrar este plantel si no Cristian Lagos, el máximo perforador de redes en la historia de los torneos cortos, con 18 tantos?
Lagos perdió peso proporcionalmente con la velocidad y agilidad que adquirió, multiplicó su peligrosidad y lo dejó plasmado en los cordeles rivales.
Más que eso, demostró que es un profesional a carta cabal, que se toma a bien las recomendaciones que le dan y las pone en práctica.
Técnico
Tomó al equipo que finalizó penúltimo de la temporada anterior, prácticamente sin refuerzos, y más bien debilitado por la partida de Dexter Lewis, Erick Sánchez, Kendrick Pinnock, Derrick Johnson y Kenny Mitchell.
Para colmos, se condenó penalmente al dueño de Limón FC, Carlos Pascall. Cualquiera habría señalado a “la Tromba del Caribe” como candidato firme para disputar el no descenso.
Pero no. Con Luis Fernando Fallas al mando, Limón dejó atrás los complejos y los pretextos y se convirtió en el equipo revelación de la primera fase, un cuadro físico, potente, técnico y alegre. Un local intimidante.