¿Costa Rica al Mundial Brasil 2014? Omar Briceño parece responder desde las ondas nostálgicas de Radio Bésame... “Tan lejos, tan lejos de la inmensidad, que no espero nunca poderla alcanzar”.

 

“Esta cobardía” se llama la canción y tonada premonitoria de la actual selección.

¡Qué cara cuesta la cobardía!

 

Costa Rica 2 – El Salvador 2

Al Día

9 de junio

“Creí que el partido se había ganado con el 2-0, modificamos algunos posicionamientos”, atina a decir Jorge Luis Pinto, seleccionador nacional.

Por la boca muere el pez. El técnico reconoce que, en lugar de encimar después del gol de Campbell y buscar el tercero, el cuarto y el quinto, sabedor de cuánto pesan los goles y los golpes de autoridad, ¡no!, se puso a ensayar quién sabe qué (¿Cómo colgarse del horizontal contra México?).

Isidro Gutiérrez y Osael Romero lo devolvieron a la realidad. Costa Rica es una selección limitada, que no puede darse el lujo de aflojar ni de experimentar jamás.

En la misma edición, Pinto reconoce que algunos jugadores “sintieron la presión del partido, eso hizo un juego impreciso por ratos, hay más errores de inseguridad que de calidad técnica y manejo de fútbol, eso es madurez y personalidad que hay que ir ganando”.

¿Inmadurez y falta de personalidad?... ¿Cobardía?

Menos dotados técnicamente, los cuscatlecos arremetieron como guerreros, pelearon cada balón, les gritaron en la cara a los ticos, escupiéndoles huracanes de coraje en los rostros y empataron. Con sabor a triunfo para ellos.

 

 

Costa Rica 0 – México 2

La Nación

8 de setiembre

“Nos faltó más profundidad a la hora de atacar, hilar más jugadas, trato de pelota y juego colectivo”. Es Pinto Afanador, disparándose en el pie.

“Nos faltó fútbol para controlar la pelota”, sigue.

“Nos pasaron por encima y no pudimos controlar nunca los tiempos del encuentro”, remata, se mata.

O, como se lee entre líneas, no se jugó a nada. ¿O a qué juega un equipo sin profundidad, dominio, colectividad ni control? Ni chicha ni limonada... Mucha “chicha” de la otra.

No fue ni la sombra de sus mejores versiones, la defensiva de Italia 90 ni la ambiciosa de Corea – Japón 2002. Ni guerra ni arte.

Porque se puede ser defensivo sin pecar de cobarde. ¿Cómo? Marcando el territorio, o pasa la bola o pasa usted, pero los dos no. ¿Se acuerdan de Marchena gritándole en la cara a Alemao después de botar al “Machillo” Ramírez? Los actuales seleccionados, no.

Entonces, nos dejamos ganar dos balones en tiritos de esquina al primer palo y asunto resuelto. 0-2. Le pegan a Keylor y nadie llega a acuerparlo. Solo les falta decirle al mexicano “si quiere lo patea de nuevo, para que no se levante”. Nos pasan por encima.

Esos cinco puntos perdidos en el Estadio Nacional por falta de h... de h... de hidalguía, tienen a la Selección al borde del abismo.

 

Un sueño...

Baldares Dispara

13 de octubre (próximo)

Extracto de una columna añorada...

“Y Keylor se convirtió en Gabelo... No solo atajó y atajó, sin cometer errores que le trajeran al piso el castillo de arena como les suele pasar a los porteros -¡a él en el Azteca!-, sino que fue líder y motivador.

Y qué defensa... Salvatierra, Salazar, Acosta, Badilla y Francis nos hicieron recordar a Chavarría, Montero, Flores, Marchena y Chaves, por recios, firmes, bravíos e inclaudicables, unos guerreros a las espaldas de Yeltsin y Cubero, dignos herederos de Ronald y El Policía, como lo fue Solís.

Cayasso, Ramírez, Wilmer y Paté deben tener las manos rojas de aplaudir a Campbell y al Chiqui, quienes hicieron olvidar los nombres de aquel jugador que pone pretextos para no venir y al que viene, pero lesionado. ¿Cómo se llamaban?

Y, Saborío, qué lucha, qué pundonor, qué ganas... ¡Qué definición! Enterraste las críticas para siempre, te subiste a la nube de los Jara, los Medford, los Gómez, los Chopes, los Rolos...

Y Pinto, Jorge Luis, perdón por la columna anterior que titulamos Esta Cobardía. Esta victoria lo borra todo y lo reconstruye todo, sabe más que la de 1989 en este mismo estadio, el Monumental Cuscatlán”.

¡Que así sea!