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San José, Costa Rica - Jueves 23 de Noviembre del 2017 - 5:47 PM

Marvin Rodríguez se marcha dejando un gran legado

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Futbolero por pasión y convicción, con esos valores podemos resumir la ilustre carrera de uno de los grandes jugadores de nuestro fútbol, el cerebral mediocampista morado y de la Selección, Marvin Rodríguez. Nacido en 1934 en uno de los tantos barrios de la capital, Rodríguez jugaba tranquilamente en una plaza cuando fue observado de cerca por un curioso: “Beto” Fernández, fundador del Saprissa.

Don Beto lo llevó de inmediato a las filas del cuadro morado y ahí iniciaría una cadena de éxitos sin fin que lo llevaron a consolidarse muy rápido desde su debut en 1952 hasta su despedida por una lesión en 1967. Como jugador del Saprissa solo tuvo reconocimientos en un equipo plagado de estrellas como el “Flaco” Pérez, “Cuty” Monge, Álvaro Murillo, la “Rata” Jiménez y muchos otros que hicieron del Saprissa de los 50 un cuadro famoso, campeones nacionales en tres ocasiones y con una vuelta al mundo en 1959 a cuestas.

Aunque su corazón le pertenecía al joven cuadro de la capital, Marvin apoyó a varios otros equipos en choques internacionales a pedido de los propios equipos, uno de ellos fue el Alajuelense quien lo buscó para que en 1960 se enrumbara a la vuelta al Mundo, la segunda del pequeño volante. Ese mismo año el Real Madrid visitó Costa Rica y Marvin Rodríguez anotó el gol que como el mismo lo dijo en alguna ocasión “es el más recordado de mi carrera, fue algo extraordinario marcarle al Real Madrid”. Claro, solo cracks del fútbol mundial jugaban ahí, Di Stefano, Puskas y Gento eran algunos de ellos.

Por méritos propios Rodríguez fue llamado a la Selección en 1955 con uno de los equipos más recordados de la historia, el plantel tico que ganó invicto el Campeonato Centroamericano y del Caribe, los famosos “Chaparritos de Oro” como se les bautizó en México un año después.

Con el seleccionado recogió recuerdos para atesorar, tres cetros centroamericanos y del caribe, jugó la eliminatoria hacia Suecia 1958, dos panamericanos de fútbol en 1956 y 1960 con la alegría de haberle ganado a Brasil 3-0 y la emocionante primera victoria frente a México en 1961 por el premundial de Chile 1962.

Partió a Guatemala para jugar en el Municipal en 1962 a préstamo de la “S”, una lesión sufrida allá y agravada en un partido disputado en nuestro país lo obligó a retirarse del balompié pero se dedicó a la dirección técnica donde para estrenarse dirigió al Cartaginés al cual estuvo muy cerca de haer campeón en 1969, ese mismo año, se anexó invicto el NORCECA de 1969 con la “Sele”, acto seguido se hizo cargo del Saprissa al cual guío en cinco de los seis títulos logrados en los años 70.

Pero sin duda alguna sus dos logros más sobresalientes como técnico los consiguió al conquistar el campeonato de 1986 con el Municipal Puntarenas, un título tan heroico como histórico y la otra parte importante fue conseguir de manera angustiosa y emocionante la clasificación al Mundial de Italia 1990 en las eliminatorias de 1989 aunque en forma sorpresiva y relevado de su puesto a inicios del año mundialista.

Tuvo bajo su cargo al famoso “Ballet azul” del Cartaginés en 1969 y casi logra lo impensado, darle el cetro a los brumosos, pero se les fue casi arrebatado por el famoso “Gol de la media” de Luis Chacón que dio el triunfo al Saprissa en un juego trascendental; los morados se llevaron la corona, Cartaginés con el mejor fútbol en ese momento debió conformarse con el segundo sitio.

Al estratega se le recuerda también por su éxitos como estratega en el fútbol de Guatemala y Honduras en donde consiguió sendos títulos, además de un cetro más con el Herediano en 1979.

 

Marvin Rodríguez deja hoy, 16 de octubre, el mundo terrenal, su legado como futbolista y aún más como director técnico estarán siempre pegados a los libros de historia del fútbol costarricense, un legado imborrable y que permanecerá siempre, el primer gran héroe de Italia 1990 con nuestra selección se marcha pero deja a su paso mucha gloria y el pasaje que nunca olvidaremos, nuestra primera clasificación al Mundial.

 

¡Hasta pronto, don Marvin!