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San José, Costa Rica - Domingo 17 de Noviembre del 2019 - 12:19 PM

La gorra

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Desde la llegada de Hernán Medford al Herediano, la mayoría de los periodistas está esperando el momento en que el técnico tire la gorra al piso.

No hay duda  que Hernán en sus muchos decires faranduleros acierta en sus comentarios, al afirmar que los encargados de la prensa deportiva saben poco –  (o interpreto) – no les interesa hablar de futbol.

Comparto ese criterio de Medford que debe reírse en sus adentros, al ver que logra mantener la atención de los medios de comunicación esperando que emule la serie del Chavo del Ocho, donde don Ramón tiraba la gorra cada vez que Doña Florinda le daba un sopapo.

La figura de Hernán Medford vende para algunos. Más como polémico que como entrenador y eso debería comenzar a preocupar al mismo técnico.

Un entrenador no debe ser catalogado por sus frases o incluso porque es visto como un charlatán. Debe ser visto como un buen estratega que saca lo mejor a sus jugadores.

En el pasado en nuestro país, otros técnicos pasaron a ser recordados no como buenos técnicos, sino por sus actuaciones y por frases lapidarias o amuletos.

Recuerdan a Badú Vieira, que campeonizó a la Liga Deportiva Alajuelense con una empatía envidiable con el público liguista. La mayoría no lo recuerda por sus logros deportivos, porque la sandía y su lora fueron los grandes protagonistas.

Iván Mraz fue entrenador también en Liga Deportiva Alajuelense. Este entrenador vino a revolucionar el concepto de profesionalización del futbolista y el trabajo físico como ingrediente principal para rendir en la cancha. También fue campeón con su equipo. Pero será recordado como el técnico que llamó a algunos periodistas “cabeza de caballo”.

Cada técnico es y actúa diferente. Los actuales de nuestro futbol, Carlos Watson, Javier Delgado, Horacio Esquivel o Ronald González son muy diferentes.

Uno es como lo definí en una oportunidad el profeta. Ese idiólogo del futbol que le gusta incursionar en la clarividencia y como cualquier clarividente se equivoca mucho más de lo que acierta.

Otro es el encargado de poner a todos con los pies en la tierra enfundando su pistola. Al “sheriff” la prensa no le da mucha “bola” porque cuando debe disparar en la cancha, a veces el arma no tiene balas o son de salva. Pero actúa como un entrenador orgulloso de su profesión.

Al novato en las grandes ligas le gusta aventarse contra los de etiqueta. En la cancha los ha vencido con un equipo modesto y como todo ganador principiante, quiere incursionar en las decisiones de los otros entrenadores. Es el que tiene las soluciones a los grandes problemas en la cancha.

El de cara de niño que ya no es tan joven, se ha mantenido, a pesar de su fracaso en esta temporada, con una compostura profesional. Desposeído del trono que le otorgaron los medios de comunicación en sus tiempos mozos, toma como normal el traspié al cual están sometidos todos los técnicos.

De todos estos técnicos actuales en nuestro futbol, sin duda, Hernán Medford es el técnico que vende. Por sus comentarios, por sus poses, por su estilo, por sus bravuconadas. Por ser el caudillo de su equipo.

Pero además de ese valor actual de marketing, solo el tiempo dirá si será recordado porque logró mejorar el nivel de nuestro futbol o  le gustaba tirar la gorra como Don Ramón cuando se enfurecía.

Por ahora el protagonismo lo tiene su gorra.