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San José, Costa Rica - Domingo 15 de Diciembre del 2019 - 2:09 AM

Goles, orgasmos y Selección Nacional

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¿Se parece el gol a un orgasmo? Existen afirmaciones teóricas, como la de Eduardo Galeano (escritor uruguayo q.e.p.d)  en su libro El fútbol a sol y sombra donde dice: “El gol es el orgasmo  del fútbol; como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna”.

También existen declaraciones empíricas de los jugadores, al afirmar que “marcar un gol es como tener un orgasmo”.

Hay quienes consideran que la comparación se queda corta y exclaman con total convencimiento: “Este gol ha sido mejor que un orgasmo”. En el fondo, por la euforia demostrada, estas exclamaciones confirman las palabras de Galeano.

Estas aseveraciones, teóricas o empíricas, tal vez no convenzan a muchos, aunque nadie puede negar que exista una relación directa entre el gol y el placer sexual. Nunca he marcado un gol en un estadio repleto y nunca tuve, que sepa, un orgasmo entre 15 o 20 mil espectadores. Y para opinar sobre esas cosas hay que tener experiencia.

Los indicios, en cualquier caso, se multiplican. Leí en el periódico El País, que hace varios años, los servicios médicos del Gremio de Porto Alegre, uno de los grandes clubes brasileños, realizaron un estudio sobre el efecto del sildenafil en el rendimiento de los futbolistas.

Según el médico, en ese entonces, jefe del Gremio, el sildenafil, comercializado bajo la marca Viagra, “aumenta y mejora la circulación sanguínea y, por tanto, puede incrementar las prestaciones”.  Sin duda el médico en este estudio se refiere a las prestaciones atléticas, no a las otras que seguro usted está pensando.

Como dato curioso, en Italia donde los hombres tienen fama de buenos y cumplidores amantes, la comisión antidopaje  se planteó, por ese entonces, la posibilidad de incluir el sildenafil en la lista de sustancias prohibidas para los futbolistas.

Sin embargo, los experimentos en muchos jugadores, no resultaron concluyentes. Rodrigo Figueroa, ex preparador físico del Blooming de Santa Cruz, de la primera división boliviana, reveló en una oportunidad en una entrevista, que a lo largo de un año suministró sildenafil a varios de sus jugadores cada vez que jugaron  en La Paz, a 3.600 metros de altura, tratando de buscar oxigenación  en sus atletas. El sildenafil lo mezclaba con zumos de frutas, “para que los ocho o nueve que lo tomaban no supieran lo que ingerían”, según las explicaciones de Figueroa.

Ahhh, ¿quiere conocer los resultados?  Pues no fueron como usted está pensando, que a lo mejor los jugadores andaban como garañones desenfrenados por la fuerza puesta en cada jugada. O incluso tal vez era tanta la pasión que después de cada gol se comían a besos.

¿Los resultados? Pues este preparador físico concluyó en su estudio: “En el futbol se gana, se empata y se pierde. La verdad es que se consigue más con una buena preparación física-técnica-táctica-sicológica que con el sildenafil”, admitió.

Como lo vimos en estos estudios ni en el Gremio de Porto Alegre ni en el Blooming de Santa Cruz se registraron, al parecer, efectos secundarios especialmente indeseables en una cancha de futbol.

Debo aclarar, porque no lo encontré por ningún lado, si alguien tuvo el valor de experimentar con el sildenafil en una de esas largas concentraciones de pretemporada,  para favorecer la capacidad de oxigenación. Pero sospecho, y por eso no recomendaría su uso,  que ahí se podrían producir situaciones de muy alto riesgo.

El tema me llamó la atención después de leer las declaraciones de Oscar Washington Tabárez, técnico de la Selección de Uruguay, hablando del partido que enfrentarán a Bolivia en La Paz, cuando dijo que jugar ante Costa Rica “les servía de poco de cara al juego frente a los bolivianos”.
“Ahí todo es diferente, las condiciones atmosféricas y los partidos son diferentes”, aseguró el entrenador.  Cuando le repreguntaron porqué entonces aceptó jugar contra nuestra selección, el entrenador fue mucho más directo: Y, ¿con quién íbamos a jugar? ¿Qué íbamos a hacer previo al juego con Bolivia?, ¿no jugar? (La Nación del martes 8 de setiembre).

Aparte de la altura y los efectos más allá que pueda producir la Viagra en el rendimiento de los futbolistas, completamente evacuada con los estudios en el Gremio de Porto Alegre y el Blooming de Santa Cruz, está claro que a Tabárez la sildenafil y el partido contra Costa Rica no le servirán para enfrentar a Bolivia.

Pero aunque a Uruguay no le sirvió jugar contra nuestra Selección, es necesario cuestionarnos de qué nos sirvió jugar contra ellos. Me gustaría tener la respuesta futbolística de nuestro técnico.
Desde mi óptica hay aspectos por rescatar. Los uruguayos tienen un estilo y una idea de juego muy diferente a lo mostrado por los rivales (Haití y Panamá) de cara a los juegos de la eliminatoria en noviembre.

Mientras los charrúas vinieron a probar jugadores y acentuar la idea de posesión de balón, lógica para guardar fuerzas y oxígeno a 3600 metros de altura, Haití y más Panamá, son equipos de mucha fuerza, arriba y abajo, juego directo y explotación del centro de la cancha, sin descuidar jugar por las bandas.

¡Que ganamos el partido frente a Uruguay! Cierto. Ahí podemos rescatar el primer logro con esta victoria. Ganar. Nada más reconfortante que ganar y ganar y volver a ganar.

El aspecto emotivo entre los seleccionados fue el más beneficiado. Volver a “mirar”, como dice nuestro técnico, la cara de satisfacción de los jugadores después del partido, abre la luz de la esperanza antes de  la eliminatoria al mundial. Nuevo técnico, borrón y cuenta nueva para bien.
Pero cabe la pregunta: ¿cómo lo logramos? Jugamos a puro pulmón con un gran corazón y a ratos combinaciones con buenas jugadas. ¿O acaso no vimos en el segundo tiempo a nuestro entrenador animando a meter pata a sus jugadores, con gritos de angustia desde la zona técnica?
Mientras el técnico tenga el soporte en la cancha  de los cinco pilares de la Selección, me refiero a Keylor Navas o Esteban Alvarado, Giancarlo González, Oscar Duarte, Celso Borges y Bryan Ruiz, el grito del triunfo es alcanzable.

Escuché algunas personas preguntarse la razón por la cual Cristian Gamboa y Joel Campbell, aplaudidos por el público nacional, no son titulares en sus equipos de la Liga Premier. La respuesta es muy fácil: son jugadores sin finalización en la jugada.
El futbol es defensa y ofensiva. Gamboa es gratificante verlo correr siempre por el mismo callejón, me recuerda las fábulas del correcaminos. Pero en ofensiva, a cuenta gotas, finaliza bien una jugada.

El futbol es defensa y ofensiva. Gamboa es gratificante verlo correr siempre por el mismo callejón, me recuerda las fábulas del correcaminos. Pero en ofensiva, a cuenta gotas, finaliza bien una jugada.

Campbell es muy parecido. Con un agravante: no defiende “ni pío”, y tampoco concreta. Es un espectáculo “mirarlo” correr con el balón, driblar, regatear y hasta lanzarse en piscinazos espectaculares que encienden la pasión. ¿Cuántos goles anotó con el Villarreal en el pasado campeonato español? Uno.

Los entrenadores de equipos élite buscan y quieren jugadores productores en las dos fases del juego. Sin duda si Joel y Cristian logran superar estas falencias, serán titulares en la liga inglesa y la selección se verá muy beneficiada.

Retomo el juego contra Uruguay. SOS, nos quedamos sin goleador. Un amigo (Miguel Cortés Valerio) siempre se pregunta, ¿por qué los diferentes entrenadores llaman a Alvaro Saborío? Sencillo: porque es un depredador del área.

En el mundo Karem  Benzema, Radamel Falcao, Diego Costa, Luis Suárez, Javier “Chicharito” Hernández, entre otros, y en nuestro campeonato Víctor el “Mambo” Nuñez y Alejandro el “Matador” Alpízar “son de esa estirpe.

Nuestra Selección se quedó sin ese tipo de goleador. El que pelea todos los balones en esa zona. Que remata con las dos piernas y cabecea sobre los defensores. Anota siempre estando en el lugar correcto. Son depredadores del área sin florituras, pero como los tiburones, al detectar sangre, recogen todo lo que anda suelto.

De este cotejo frente a Uruguay también rescato el haber ganado después de 11 partidos. Y ganar, como dije,  siempre es bueno. Pero sin duda lo mejor, después de 306 minutos de no anotar, sería retomar la hipótesis, si en efecto, el gol es como un orgasmo.