Quizás bastaría con haber vivido sus emociones únicamente en una ocasión para conocer la intensidad que desprende, pero ya van noventa y nueve y con el duelo de la jornada de mañana frente al Granada llegará al centenar. El enfrentamiento ante la sociedad nazarí conlleva de manera explícita una efeméride que recae sobre el currículum personalizado del Estadio Ciutat de València, en sus orígenes a fines de los sesenta Antonio Román, y durante parte de su recorrido ya cuadragenario Nou Estadi.
El coliseo del barrio de Orriols cumplirá, a partir de las 16:00 horas de la jornada dominical, justo cuando el balón comience a rodar, y la excitación y la pasión sin límites que conlleva un choque de carácter oficial empieza a activarse, su partido número cien en el marco de la Primera División. Desde esa perspectiva, la confrontación ante el bloque representativo de la ciudad de la Alhambra adquiere un sentido adicional por mor de esta efeméride. Se trata de un duelo con un alto valor estadístico.
La epifanía del relato y de la estrecha alianza que mantienen en tiempo presente el Estadio Ciutat de València y la máxima categoría del fútbol nacional hay que buscarla en los albores del tercer milenio. Junio de 2004 permitió escrutar un nuevo universo desconocido. Esas impresiones, por lo que respecta a los sentidos del feudo granota, comenzaron a concretarse en el nacimiento de septiembre.El Levante, ungido con la condición de primer divisionista se aprestaba a defender la condición de local en su tercera aventura por la elite después de la igualada saldada en Anoeta. El Ciutat tomaba el relevo del viejo Vallejo. Era la segunda semana del calendario con el Racing Club de Santander de David Aganzo asomando sobre el horizonte de forma amenazante. El atacante, una pieza determinante en el histórico ascenso del ejercicio inmediato, parecía profanar los muros de la instalación durante la evolución del primer acto.
No obstante, el grupo logró rearmarse para conmutar la pena que se cernía. Nadie pudo parar la cólera que mostró Manchev desde que pisara el verde del coliseo azulgrana en la reanudación. Félix Ettien redondeó lo que se consideró una fiesta. El Ciutat de València comenzaba a escribir un capítulo que cuenta con una curva ascendente en la jornada de mañana. Es una evidencia el componente simbólico de la cita ante la escuadra cántabra. No obstante, desde la profundidad que marca este trayecto, que roza su primer centenario, aparecen confrontaciones que se han instalado en el imaginario de los seguidores granotas para perpetuarse. Son partidos que desafiarán las leyes que legisla el incorruptible paso del tiempo. Imposible desligar los recuerdos de la homérica victoria conquistada frente al Valencia (4-2) del ejercicio 2006-2007, que certificó la estancia del club entre los escogidos durante una temporada más, o extraviar la imagen de Koné alzando la mirada al cielo en señal de gratitud después de batir a Casillas o evocar la extraordinaria maniobra de Martins en el segundo anterior a batir a Guaita más recientemente para resolver el derbi de la capital del Turia o rememorar una remontada épica ante el Betis en el curso 2007-2008 aristado y sobrecogedor.
Los choques perviven al igual que infinidad de emociones más nimias que han alcanzado un espacio sagrado en el firmamento del levantinismo. Y su influjo inclusive traspasa los límites de la geografía más cercana para extenderse. En las temporadas 2004-2005 y 2010-2011 el barcelonismo festejó sobre el tapete la consecución de dos Ligas ante la mirada respetuosa de la afición granota. Los números cimentan el andamiaje de este primer centenario del coliseo de Orriols que quizás coincide con el período más efervescente de la sociedad con conexiones en la Vieja Europa y protagonismo en la Liga doméstica. Los noventa y nueve partidos contabilizados en el expediente se saldan con la suma de cuarenta victorias por los veinticinco empates y las treinta y cuatro derrotas.