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San José, Costa Rica - Domingo 17 de Noviembre del 2019 - 7:17 AM

Futbol en pelotas

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Hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día escuchó a unas personas decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar.

 

Esta prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz. Por supuesto, no había prenda alguna. En realidad,  los pícaros hacían lucir que trabajaban en la ropa, pero estos se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin.

 

Sintiéndose algo nervioso, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verla. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje.

 

Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.

 

La gente del pueblo alabó el traje, temerosos de que sus vecinos se percataran que no podían verlo, hasta que un niño dijo:

 

«¡Pero si va desnudo!»

 

(Este cuento lo hizo famoso el danés Hans Christian Andersen en 1837)

 

Me gusta esta historia porque se parece, en lo esencial, a nuestro futbol.

 

Los equipos, los futbolistas, juegan mal, pero nadie, o muy pocos, se atreven a convertirse en estúpidos o incapaces si no descubren virtudes en el accionar.

 

Comencemos con los entrenadores. El refrán dice “perro que come perro no es buen perro”. Muy cierto. Entendible. No es ético el criticar la labor del colega porque la oportunidad puede llegarles en cualquier momento.

 

Sin embargo los entrenadores, por su conocimiento, son buscados por los periodistas y los convierten en voceros autorizados para emitir un criterio válido.  Aunque en sus adentros sepan que nuestro futbol está en un bache, y esto no se recupera en un chasquido de dedos, los comentarios resaltan virtudes inexistentes.

 

Así los periodistas y comentaristas, en este caso, como transmisores de la información dicha por los entrenadores, no cuestionan los criterios de los técnicos, como en la historia del emperador desnudo.

 

Los líderes de opinión en talleres, sodas, parques, gasolineras, salones de belleza, supermercados, etcétera,  le dan veracidad a lo dicho por los entrenadores y periodistas entre el resto de los aficionados.

 

Es decir. Muy pocos quieren parecerse a personas ignorantes de la realidad y repiten convencidas lo escuchado, esperando alguna opinión diferente  para tildarlo de estúpido o hasta mal patriota.

 

Saprissa y Herediano “se la pelaron”, como dice la nueva generación de jóvenes. Ambos por caminos diferentes, pero al fin fracasaron en su objetivo de clasificarse a la segunda ronda de la CONCACAF.

 

Herediano fue el más protegido. Aquí los comentarios se enrumbaron a la buena disposición táctica en el juego frente a Tigres. La justificación es que el equipo mejicano tiene dinero para contratar a cuanto jugador se le ocurra.

 

Estoy seguro que en lo más profundo del técnico florense y su lora, sienten el sabor amargo de quedar eliminados.

 

Es curioso que desde el Mundial de Brasil lo destacado, por la gran mayoría, es el “orden táctico”. Y qué de la intensidad, dinámica, carácter y para mi criterio lo más importante: la técnica individual y colectiva. Dominar los fundamentos del futbol. Realizar un buen pase a un toque. Recepcionar. Rematar con sentido. Efectuar un centro con efectividad. Levantar la cabeza. Moverse al espacio. Y todos los ingredientes de un jugador al servicio del equipo.

 

Con Saprissa el fracaso es diferente. Si le preguntáramos a un matemático sobre la actuación de los morados en el partido ante Santos Laguna, sin duda daría una respuesta fría y diferente al criterio de la lora de Odir. Su respuesta sería Saprissa fue un conjunto vacío. O sea cero en todo.

 

Llama la atención el caso de este Saprissa. Durante varios meses, quizás un par de años y a pesar de lograr un bicampeonato corto, entraron en una crisis generalizada. El equipo llegó a la cima, y como dicen los alpinistas, a partir de ahí todos los caminos fueron hacia abajo.

 

Disputas entre los dueños mayoritarios. Algunos incluso tratando de vender sus acciones. Criterios dirigenciales divergentes. Pasivos monstruosos. Malas decisiones de los aferrados al poder, pero convencidos que pueden darle un giro al descalabro.

 

¿Quién paga los platos rotos? Los jugadores.

 

En el cuento de Andersen, el emperador mandó a los hombres de su confianza a “mirar” el traje que le estaban confeccionando. En nuestro futbol tal vez los jóvenes de la Sub-17 serán los encargados de destapar la realidad de nuestro futbol antes de quedar totalmente en pelota.