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San José, Costa Rica - Viernes 22 de Noviembre del 2019 - 7:44 PM

Entrenadores de pizarra

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Hace pocos años el mejor amigo del hombre y de las damas por supuesto, era el perro. Los tiempos cambiaron y el celular se convirtió en ese compañero amigable e incondicional. Es una época muy tecnológica.

 

Basta con ver durante las mañanas a las personas sacar a los “guatos”, como llaman a los perros en algunas partes del país, a hacer sus necesidades, pero el resto del día y hasta en la intimidad del hogar, el celular es el que ofrece la mejor compañía ofrecida antes por el perro.

 

En el futbol, antes, el mejor amigo del entrenador eran sus auxiliares de confianza y los jugadores habilidosos. Esos atletas con una técnica envidiable. Y no hablo de los vagos en la cancha convertidos en fantasmones que solo aparecían para que los obreros les dieran el balón y figurar con un caño, regate o hasta un gol. Me refiero a los futbolistas con el overol puesto al servicio del equipo. A ellos los entrenadores les dedicaban muchas horas de trabajo.

 

Los tiempos cambiaron. Hoy el entrenador debe trabajar con los hombres de confianza, pero de los dirigentes y no se dedica a formar y enseñar los secretos básicos del futbol a las jóvenes figuras. Parece que no les queda tiempo.

 

Para el técnico actual la pizarra. La tablet. Se convirtieron en sus amigos inseparables. Las canchitas electrónicas donde fragua y gana los partidos. Esos técnicos aferrados a la táctica que no le brindan libertad al jugador dentro de un orden.

 

Dirigir un equipo es complicado. Requiere valor, estrategia, magia, intuición, y muchas otras cosas. Pero lo más insípido es el que solo se amarra a la pizarra y los rigores tácticos.

 

Decía un entrenador que repasaba hasta cinco veces el video de su equipo y los rivales. Luego desmenuzaba el juego por líneas e individualmente para dictarle a sus jugadores la estrategia a cumplir. La época de la tecnología al servicio del futbol. Que bien si es bien usada como un ingrediente importante para detectar los avances físico-técnicos-tácticos de los jugadores y mejorar.

 

Sin embargo, se olvidaron de estimular al jugador con habilidades. Enseñarle. Formarlo. Dejarlo fluir con su talento sin desordenar el planteamiento establecido. Entrenadores que encadenan a sus dirigidos a la pizarra hasta  acabarlos.

 

La pizarra algebraica de muchos técnicos rebajó la pasión de los jugadores, que no tuvieron más remedio que tramitar los partidos al servicio del jefe del banquillo. El fútbol de algunos entrenadores no tiene escapatoria a su ratón informático. Por lo general ganan o pierden por un gol. A veces empatan. Son etiquetados como “resultadistas” y alabados por su orden táctico proveniente de la pizarra.

 

Los técnicos de pizarra no  muestran  jugadores capaces de dar el golpe de gracia cuando el rival está “grogui”, porque el orden táctico primero controla con mucha retórica, con pases intrascendentes por aquí y por allá. Luego reculan y reculan hacia su propia área, hasta fastidiarse con cada jugada. Es en ese momento que se quedan sin  nada, a merced de su técnico y la pizarra.

 

Hasta en los juegos de playStation  se debe jugar con pasión y no poner el ingenio bajo sospecha. La pizarra es del técnico; el fútbol, de los jugadores.

 

En una de esas tardes de café con aroma a futbol, conversé con un amigo sobre esos temas. La pizarra. La rigidéz y la falta de ingenio en algunos técnicos. No podía faltar la Selección Sub-17 en el Mundial de Chile. Sobre el temple de estos muchachos, y las ganas de luchar para ganar. Hablamos desinteresadamente sobre este grupo de ganadores y su gran desempeño.

 

Como el futbol es de individualidades al servicio del equipo, el tema recayó sobre la actuación de algunos jugadores.

 

“El  # 14 ( Roberto Córdoba) para mí es un jugador de gran proyección, me aseguró. Zurdo. Encarador. Visión en el medio campo. Cabeza levantada. Con una técnica individual muy buena. Va y viene. No sé a cuál equipo nacional pertenece, pero ojalá quien le esté enseñando lo sepa terminar de formar. Tiene los  rasgos que buscan los visores internacionales. Eso sí: debe comenzar a jugar el próximo torneo en la Primera División para ganar experiencia, o buscar otro nivel donde pueda desarrollarse”, me dijo casi sin respirar.

 

Estoy casi seguro que  la pizarra no es la que le ha enseñado a jugar a Roberto. La tecnología, como dije anteriormente es muy importante, pero fabricar figuras de talento en las Ligas Menores no se logra en una tablet.
Sin duda esta apuesta, (poner a jugar figuras jóvenes),  requiere mucho más conocimiento y valor en los entrenadores. Quizás esta sea la solución  para que los aficionados regresen a los estadios vacíos. No basta con encadenarse a la pizarra y los videos y aburrir hasta al más fanático.