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San José, Costa Rica - Sábado 15 de Diciembre del 2018 - 1:03 PM

El problema es cuando un inadaptado se considera aficionado

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Columna de opinión: Punto ciego

No soy seguidor de las barras bravas, solamente de esos verdaderos aficionados que le ponen sabor y emoción a los partidos y, viendo toda la vergüenza de la Libertadores, siento que, gran parte de la sociedad argentina tiene un serio problema con respecto al fútbol y aquí no estamos muy alejados de ellos.

Sí, en Argentina la situación se fue de nivel, no obstante, en Costa Rica se han dado casos muy graves y que no son necesarios mencionar para recordarlos, pero el hecho de que por el momento no pase nada no quiere decir que han desaparecido.

Todavía cuando asisto a compromisos observo como esos “aficionados” están intentando ingresar droga a los estadios o como fuman dentro de los mismos. Pero decirle algo a las autoridades resulta inútil, ya que, se supone que ellos realizan requisas y están cuidando el entorno.

Para varios equipos este tipo de gente son aficionados, lamentablemente.

Después los clubes, Unafut y demás personas se preguntan por qué las familias no asisten a los juegos o por qué las taquillas son tan bajas.

Y con esto, traigo a la palestra el “acuerdo” que firmaron la Ultra y la 12, el cual me deja un buen sentir, pero en el fondo sé que, a la primera final con un clásico nacional todo se va a descontrolar y adiós documento, porque eso es lo que por desgracia sucede con estas personas que dicen llevar la pasión en la sangre.

Podría confiar en ellos si estos grupos mostraran otra cara, como dejar de llevar licor, drogas o armas a los estadios. Creo que hay mucho camino por recorrer y un papel no lo soluciona, la educación sí.

Sin embargo, es difícil pedir que las cosas cambien cuando vivimos en una sociedad que, en un plano general, está mal. Tenemos una población que a lo mínimo explota y con el fútbol se vuelve peor.

Reconozco que, no solo las barras bravas generan problemas en los partidos, también muchos particulares lo hacen. Porque se dan insultos que los futbolistas, ni nadie, merecen, ellos también son personas.

Todo lo negativo que he mencionado anteriormente son majaderías de individuos que poseen un bajo coeficiente intelectual. Se necesita concientizar y educar.

La línea que separa el fanatismo de la estupidez es mínima y cada quien decide si la atraviesa o no. La cuestión es cuando por intereses se refieren a todos como aficionados y cuando dirigentes de ciertos equipos incitan al odio con sus discursos polémicos y sin sentido.

Lo anteriormente manifestado es la opinión del periodista y no tiene relación alguna con la línea editorial de este medio.