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San José, Costa Rica - Jueves 17 de Octubre del 2019 - 5:46 PM

El “ojo de buen cubero”

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Existe una frase trillada por los pasillos futboleros: “En el futbol todo está inventado”. Esa expresión es más falsa que la cara del Guasón.

Cada día el deporte y entre ellos el futbol, se cientifica más. Controles sofisticados en tiempo real o en el disco duro, controlan casi todo en los jugadores. La ciencia se apoderó irremediablemente del accionar de los atletas y su preparación.

Ya el “ojo de buen cubero” pasó a la historia. Esos directores técnicos, preparadores físicos, nutricionistas, sicólogos, dirigentes, médicos o  visores que lanzan sus análisis sin ningún sustento, están desapareciendo. Las   evaluaciones aproximadas, sin precisión exacta y sin usar algún instrumento de medición son obsoletas.

El pito y el cronómetro son solo dispositivos jurásicos importantes para detener algún ejercicio, pero el camino correcto en la preparación de un futbolista lo dicta la tecnología.

Instrumentos tan pequeños como un dispositivo (chip) en el zapato del atleta, permite establecer  el recorrido del jugador en la cancha. Cuanto caminó, trotó o esprinteó. Eso brinda información real al técnico y sus auxiliares, para establecer el trabajo táctico, individual y grupal, en el terreno de juego. Supongo el Cuerpo Técnico de la Selección, octava en el pasado Mundial de Futbol, tiene esa  tecnología tabulada y evaluada.

Aunque esto parece de ciencia ficción al estilo Terminator, siempre el jugador tendrá un elemento único: el talento. Ese ingrediente natural que el “ojo de buen cubero” puede descubrir, pero no basta para hacerlo triunfar. Hay ingredientes que deben controlarse y trabajarse para llegar al éxito.

Recién la Selección Nacional jugó el Torneo más importante de la CONCACAF, la Copa de Oro. Durante varios meses los seleccionados se prepararon. Muchos entrenamientos, partidos amistosos con rivales de alto nivel. Sin embargo fracasamos en este certamen. Los resultados, por el bajo nivel futbolístico individual y colectivo, quedaron debiendo. Decisiones tácticas y otras variables extra cancha llevaron a perder la meta.

Ya es sabido el análisis apresurado de los dirigentes cuando calificaron, a “ojo de buen cubero”, el trabajo realizado. Sin embargo nombraron a Oscar Ramírez  como el “encargado de enrumbar la barca”. Creo fue una buena escogencia.

Eso sí, llama la atención las palabras del Presidente de la Comisión de Selecciones Nacionales, al decir: “Con Oscar ganamos en el aspecto táctico, observación y lectura de juego, además en el análisis del equipo nuestro y de los rivales”. (La Nación del 6 de agosto).

 

Me revuelco en los comentarios anteriores después de la Copa de Oro, y vuelvo de necio a preguntar: ¿Fue buena o mala la actuación de la Selección en ese Torneo?

Me tomo un batido de frutas y trato de entender las palabras del jerarca de la Comisión de Selecciones.  (Interpreto lo dicho ).  Si en 10 partidos – incluidos los de preparación – jugados por la Selección Nacional fallamos en la parte táctica, lectura y  análisis de juego, era importante nombrar un asistente con todas las falencias demostradas en el pasado torneo.

Salta la duda y pregunto, entonces, ¿cuáles son las funciones principales del director técnico? Supongo una de las más importantes es que los jugadores entiendan y apliquen una idea de juego. Otra función es la observación y lectura de los partidos, más el análisis del equipo nuestro y el rival.

Cuestiono de nuevo: ¿Seguiremos jugando a lo mismo o con la idea futbolística de Oscar Ramírez?

Algunos responderán sin tapujos, “ahora tendremos un balance para el éxito: Paulo aportará liderazgo y Oscar…, todo lo demás”. Por supuesto no faltará la frase de moda: “Las decisiones del Cuerpo técnico serán consensuadas y no habrá conflicto”.

Me queda otra interrogante: ¿La Federación nombró un asistente o un nuevo director técnico?