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San José, Costa Rica - Miercoles 23 de Octubre del 2019 - 5:38 AM

El caudillo y el profeta

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En los últimos meses el futbol nacional dio asilo futbolístico a varios entrenadores que probaron suerte en otros países. El más sonado fue el de Hernán Medford en Herediano, ya que “no era de la casa”, como por lo general se contrata a los técnicos nacionales.

Desde su arribo, con su inseparable gorra, dejó constancia que, aparte de sus calificativos futbolísticos mensajeados por todos los medios, es un caudillo.

A los caudillos se les obedece sin condición, porque de no hacerlo, su gesticulación es la de una persona colérica, a punto de dar una trompada. Pone cara de malo, saca el pecho porque le gusta intimidar. Castiga solo con sus gestos.

“Soy un negrito peleón”, dijo un día después de su llegada al país y agregó entre sonrisas convincentes: “El que se mete con Herediano se va a meter conmigo”.

Venía de Guatemala, donde su equipo ocupaba el último lugar, pero aclaró que se vino porque se peleó con un comentarista, porque se metió con los jugadores y directivos del Xelajú. Por eso no extrañó que después del partido contra Santos de Guápiles le advirtió a los periodistas presentes: “No me pregunten por los jugadores que no pongo a jugar”. A partir de ese día nadie volvió siquiera a insinuarle sobre el tema.

Los bullies de estos personajes encantan a muchas personas que se deleitan con sus bravuconadas. Ven en ellos la fuerza necesaria para vencer.

Otro personaje que “no es de la casa” es Carlos Watson. Algunos lo llaman “el Profeta”. Interpreta la historia y las señales. Tiene el don de la profecía porque puede predecir los acontecimientos del futuro futbolístico. Muchos lo confunden con un vidente.

Así lo dijo al predecir que en su equipo hay grandes prospectos que pueden llegar a figuras, pero necesitan consolidarse para ganar el bicampeonato.

Pero como Moisés, cuando se enojó con Dios y éste lo castigó con no dejarlo entrar a la tierra prometida, después de andar por 40 años vagando en el desierto con el pueblo israelita, veremos si su profecía se cumple.

El caudillo o el profeta. ¿Quién ganará el Torneo de Verano?

No nos olvidemos de las otras dos patas del banco. El “sheriff”, otro de los asilados futbolísticos, deberá constatar si su pistola tiene balas verdaderas o de salva, y el que llegó a la fiesta sin invitación y puede convertirse en el mejor parrillero del jolgorio.