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San José, Costa Rica - Lunes 14 de Octubre del 2019 - 5:08 PM

Anthony Zambrano, unas piernas trabajadas en una bicitaxi

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(AFP) – El héroe sorpresa del atletismo colombiano en el Mundial de Doha-2019, Anthony Zambrano, no tuvo fácil el camino hasta la plata de 400 metros. Trabajó de ayudante de construcción e incluso de bicitaxista, siendo muy joven, para poder ayudar a su madre en una familia con recursos escasos.

Por eso sus primeras palabras tras el título fueron para ella, para su mamá Miladis, que le crío casi en solitario.

“Mi mamá me dijo que iba a llegar lejos”, aseguró.

Anthony nació hace 21 años en La Guajira, pero creció y se hizo atleta en Barranquilla, partiendo de unas condiciones muy precarias.

Sin figura paterna, Miladis renunció a su deseo de estudiar u sostuvo a la familia trabajando. Anthony, desde muy pequeño, quiso ayudarle como podía.

Siendo niño, con unos diez años de edad, aceptó un encargo para trasladar unos cientos de bloques para unos trabajos de construcción. Fue un día durísimo, pero Anthony sabía que el esfuerzo merecía la pena.

Trabajó luego como bicitaxista y con la fuerza de sus piernas conseguía una buena cantidad de pesos con la que aliviar la economía familiar.

– Banda de mariachis –

El niño que había corrido descalzo una de sus primeras carreras se había convertido en un joven trabajador y que poco a poco fue teniendo el sueño de ser atleta, ayudado por descubridores que vieron en él un gran potencial.

Fue al Mundial de menores en Cali en 2015, donde fue séptimo en los 400 metros. Un año más tarde estuvo en la cita mundial Sub-20 en Polonia, con un sexto lugar. Dos puestos que hacían augurar un gran futuro.

Pero no siempre tuvo las cosas fáciles durante su ascenso a la élite.

Una lesión y problemas de indisciplina hicieron que este joven con grandes tatuajes se ganara fama de ‘bad boy’ y muchos consideraron que no tendría la seriedad para seguir unos entrenamientos que le hicieran crecer como atleta.

El propio Zambrano recordó esos momentos tan duros este viernes en Doha, dando las gracias a las personas que le ayudaron cuando más lo necesitaba, el entrenador cubano Nelson Gutiérrez y su fisioterapeuta Caridad Martínez.

“Ellos estuvieron conmigo cuando yo no tenía ni un plato de comer porque me habían dejado todos. No le tengo rencor a nadie, fue indisciplina mía. Yo recapacité y decidí entrenar día a día, con mucho sacrificio. Gracias a Dios estoy aquí y muy bien”, comentó.

Todavía algo tímido e impresionado por el interés de la prensa, Zambrano se sintió abrumado al sentirse objetivo de focos, flashes y micrófonos de periodistas.

“Me cuesta dar entrevistas, yo hablo mejor en la pista”, sonrió.

Con Gutiérrez, técnico del ecuatoriano Álex Quiñónez, bronce en 200 metros en este Mundial, entrena en Quito, lo que le ha alejado de su país y de su madre, algo que lleva especialmente mal por lo unidos que están ambos.

Cuando ganó las dos medallas de oro (400 metros y relevo 4×400) en los últimos Juegos Panamericanos en Lima-2019, Anthony quiso hacerle un regalo.

No le dijo que había vuelto a casa y acompañó su aparición sorpresa con una banda de mariachis.

El joven Anthony tiene ahora dos sueños: ser campeón olímpico en Tokio-2020 y poder ganar dinero suficiente para comprarle una casa a su madre.